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Blindspot, un éxito concebido para las masas

Antes las series tiraban de vez en cuando algún hueso rancio al espectador y este roía como si no hubiera un mañana. Era hasta capaz de esperar meses y meses hasta que le tirasen más sobras. Pero las cosas han cambiado. Hay menos paciencia y menos conformismo, por lo menos cuando se hacen promesas bastante explícitas. Blindspot , es muy consciente de ello: no tira solomillos al espectador pero sí que raciona la información y los ganchos entendiendo que los nuevos tiempos requieren más carne.

Decir que no es una serie de casos sería engañar al espectador. Sí que lo es. Pero, al igual que hace The blacklist desde hace tres años o las series de superhéroes de The CW como The Flash y Arrow, Blindspot entiende que es un híbrido. Greg Berlanti, que produce la serie al igual que está detrás de los superhéroes mencionados, quiso confeccionar el producto generalista infalible: uno que interesase tanto a la vieja escuela que consume CSI y compañía, y que captase el interés de las nuevas generaciones con la promesa de un misterio principal. No es El mentalista, cuyos espectadores debían asumir que John el Rojo tenía apariciones (absurdas) de vez en cuando: aquí Berlanti y el creador Martin Gero prometen semana sí y semana también que hay una dirección clara y que hay avances.

El principal enigma es el de Jane, una chica que aparece dentro de una bolsa en Times Square desnuda y con el cuerpo recubierto de tatuajes. Sufre una amnesia inducida por una droga que le fue suministrada, ni ella misma sabe quien es pero pronto el FBI se da cuenta que tiene entrenamiento especial y que los tatuajes son pistas de futuros atentados. Así resuelven casos mientras desvelan pequeños detalles del porqué de los tatuajes, de la identidad de Jane y por qué alguien la mandó al FBI con el nombre de un agente en la espalda llamado Kurt Weller.

Puede que los primeros episodios fueran un refrito constante. Para no perder espectadores metiéndose de pleno en el misterio, simplemente fuimos descubriendo qué habilidades tenía Jane y cuáles eran los traumas de agente Weller. Sólo así se podría entender su dinámica posterior y así optaban por una táctica muy cauta, intentando que nuevos espectadores pudieran sumarse al proyecto en sus primeras semanas mediante el boca-oreja. La estrategia, todo hay que decirlo, les funcionó: fue el mejor estreno de este otoño, ha mantenido números sólidos y el canal NBC ya ha encargado una segunda temporada.

Ha sido interesante ver por dónde van los tiros y la revelación del último episodio también demostró inteligencia a la hora de racionar los ganchos y respuestas. Sólo hace falta comparar Blindspot con The blacklist , que es su claro referente: Red Reddington no dio tanta información hasta pasada la primera temporada, por lo menos referente al enigma principal. También sorprende que avancen tanto en el aspecto más íntimo. Pero esto no quita que, al igual que la última sorpresa, tenga un punto muy predecible.

Jaimie Alexander está bien como la amnésica, Marianne Jean-Baptiste es una buena y Ashley Benson funciona como Patterson, la analista patosilla y que da algo de humanidad al FBI. Pero este afán por crear el éxito de masas perfecto en un momento donde el público cada vez está más fragmentado, intentando conciliar la vieja y la nueva escuela, también se traduce como artificial. No se vive tanto la historia como se ven una sucesión de ganchos estratégicamente colocados. Incluso esa tradición de asesinar un personaje habitual para crear cierta sensación de peligro fue especialmente cobarde. Y es por esto que Blindspot, pese a tener audiencias millonarias, no es la serie más comentada de la temporada.

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